lunes, 15 de noviembre de 2010

La pared y tu


Estaba regando mi jardín, cuando me fijé en aquella pared…
Rugosa, áspera, con remates toscos, mal acabada.

Pero toda mi percepción y criterio de aquella nefasta obra cambió cuando apareciste…
Enfundada en aquel vestido, con la espalda generosamente a la luz. Toda, entera. Hasta el inicio de tus bien redondeados glúteos.
Morena, cabello largo y ojos azules. Sonrisa en los labios.
Andar sinuoso, sutilmente provocativo. Altura en los zapatos de tacón ancho, pero alto…

Todo adquirió otro color cuando apoyaste tus manos en aquella pared, a media altura.
Palmas abiertas, sobre la línea de tus ojos.
Y sacaste tu cuerpo hacia atrás iniciando un leve movimiento de llamada…
Mis manos abiertas, grandes de largos dedos, se apoyaron en tus hombros, percibieron el tacto de tu piel, tu calor…
Tu boca dejó resbalar un leve suspiro.

Mis dedos empezaron a bajar, marcando un surco, un camino.
Recorriendo tu espalda.
Percibiéndote.
Transmitiendo mi aumento de temperatura, mi calor, mi fuego.
Respirando agitado cerca, muy cerca de tu cuello.
Llegando al final de aquel escote y rozando ya el inicio de tus nalgas.
Posándose en tus caderas, y arrugando entre mis dedos aquel tejido. Izando….
Tan solo solté aquella prenda, una vez arrugada en tu cintura, para bajar rápidamente mi cremallera.
Salió esbelta, erguida, ansiosa de ver la luz y de rozar tu piel, desnuda ahora.
Mis dedos hurgan, dos de ellos ladean, palpan: humedad, suspiros, y leves gemidos mezclados con palabras susurrantes apenas ininteligibles.
Una punta mojada que roza, unas manos que se apoyan en tus caderas.
Un movimiento cuidadosamente lento, pero constante, sin paradas ni retrocesos.
Mis labios que se apoyan en tu cuello, que lamen, que besan, que comen, que muerden…
Y el movimiento que no cesa, adentrándome en ti, sin detenerme.
Giras la cabeza, y alcanzas a mirarme con esos dos faros encendidos, azules. Balbuceas…
Sigo.

Noto como te acoplas al tamaño, no dejando resquicio, permitiendo que el roce sea profundo, placentero, exquisito.
Hasta llegar a lo más hondo. Sin detenerme ni un ápice en todo el trayecto, sin retroceder, de una tirada. Esos sí, lenta, disfrutada.
Mis manos que abandonan tus caderas e inician un ascenso por tu vientre, por tu pecho hasta tus senos.
Los ubico, los abarco, los amaso, los aprieto.
Mis dedos buscan esos pezones erectos para rozarlos, presionarlos, estirarlos, apretarlos…
Mi cuerpo empieza a retroceder, mi pelvis a bailar con ese vaivén característico.
Primero lento, suave, para ir cediendo suavidad y ganando en rapidez.
Nuestra humedad compartida es latente. Se puede apreciar por tus muslos…
Nuestras bocas se buscan, nuestras lenguas se encuentran, se enzarzan en un baile erótico de golpes, roces, mordidas, succionadas.
Los gemidos van in crescendo. Se convierten en gritos, en solicitudes…
Y juntos llegamos. Me vierto, exploto, salpico todo tu interior mojado y sometido a contracciones, a espasmos.
Mis manos se detienen por unos segundos sobre tus senos, mi cabeza se apoya en tu hombro.
Suspiro. Suspiras.

Así pasan unos segundos, como si fuesen siglos. Saboreamos.

Te doy la vuelta poco a poco.
Apoyas tus manos en la pared, justo detrás de tus nalgas.
Me miras.
Coloco mis manos apoyadas a ambos lados de tu cabeza.
Te encarcelo.
Te miro. Me sonríes
Te beso. Nos fundimos en un mar de pasión solo en contacto a través de nuestras bocas.
Te poseo. Te muestras servil, dócil. Te dejas.
Forma parte del juego.
Me besas el lóbulo de la oreja. Lo muerdes.
Me besas el cuello, Lo lames. Abres la boca y casi lo muerdes.
Con solo tus labios marcas un reguero de humedad por todo mi pecho.
Soplas y me enervas la piel. Me dan escalofríos mientras te miro y te dejo hacer.
Me miras.
Te arrodillas y apoyas tus manos en mis nalgas, tan solo para evitar que mi cuerpo se mueva.
Sigo apoyado con las mías en la pared, mirándote.
Mirando como besas mis ingles, como se balancea mi sexo.
Como te las arreglas para meterlo en tu boca, sin ayuda.
Tus labios se acoplan a mi tronco e inician un avance.
Mis manos dejan la pared y buscan tu cabeza, tu cabello.
Mis dedos se enredan en él.
Mientras degustas todo mi sexo, levantas la vista y me miras.
Me quemas con esos ojos azules…
Tu boca segrega saliva que tú no engulles.
Lubrificas todo mi tronco y dejas fluir el sobrante por la comisura de tus labios.
Babeas.
Mis manos empiezan a imprimir a tu cabeza un ligero vaivén.
Me encrespo, la siento venir.
Aceleras.
Y estallo de nuevo.
Mi semen invade tu boca, chocando contra la campanilla.
Te relames, y me sigues mirando…
Me tienes, ahora eres tú la que me tienes.
Y me gusta.
Me gustas.

Busquemos esa pared.
Rugosa, burda, inacabada, basta, mal hecha.
Pero como me gustaría volver a encontrarla.

Sigo regando mi jardín, mis flores.
Sonrío y pienso.
Recuerdo.

8 comentarios:

Yemaya dijo...

Lo que puede inspirar una pared, Díos mío.. Ahora cada vez que vea una, me acordaré de tu relato..
Besos y susurros

Pecadora dijo...

Tu relato esta lleno de erotismo, te invito a que conozcas el mio. Besos pecaminosos

tomasuncafe dijo...

delicado recuerdo que se corporiza en la cadencia del agua cayendo en el césped, y para despertar del hechizo una pared, un abrazo

ღ ESENCIAღ dijo...

Me prodigo poco en comentarios, y aún asi debo decirte que este me gustó mucho. Un abrazo

Ondina dijo...

Eres muy pasional, sea realidad o sea solamente un relato me gusto mucho, muchisimo

Besos desde mi mar

Andrea dijo...

Exquisito relato...
me he relamido los labios al final.

Shang Yue dijo...

seguiré tu consejo
dejaré paredes desnudas
para tomarlo

para que me tome

_,»*¯*«♥ ALEXIA »*¯*«,_ dijo...

estimado amigo, espero que algun dia decidas volver a escribir relatos tan sugerentes.